Historia y cultura

Cuento corto El nuevo hogar de Manchas

Cuento corto El nuevo hogar de Manchas

Zaida se había negado por todos los medios posibles a que su familia comprara un perro, pues decía que nadie de ellos se iba a hacer responsable de los cuidados que requiere una mascota.

Sin embargo, su marido y sus hijos fueron extremadamente insistentes hasta que ella no le quedó otra más que aceptar. Una tarde llegó con una canasta de mimbre, de la que saltó un pequeño cachorro al que inmediatamente bautizaron como “Manchas”.

Al principio, tal y como lo habían acordado su esposo y sus hijos se hicieron cargo del perrito. No obstante, con el paso del tiempo, la única que atendía a la mascota era Zaida.

Hastiada de esta situación, convocó a una reunión familiar y les informó que si no cambiaban su proceder, un día iba a llegar y se iba a llevar a Manchas a un nuevo lugar.

Su familia creyó que aquello sólo era un “cuento chino”, es decir algo para amenazarlos, pero que a fin de cuentas no se convertiría en realidad.

– Mamá, si nos vas a relatar un cuento corto interesante, procura que de verdad sea creíble, en verdad tus amenazas acerca de que te vas a llevar a nuestro perro a un nuevo hogar, no impresionan ni a mi hermano Huguito. Dijo su hija mayor.

Una noche que llegó Zaida a su casa y vio que no había nadie, tomó la casa, cobija, alimento y al propio Manchas y los subió a su camioneta, dirigiéndose a un albergue para animales abandonados.

Cuando sus familiares volvieron y observaron que en efecto el pequeño cachorro ya no estaba más en la propiedad, comenzaron a reclamarle airadamente.

– No tienes derecho a llevarte a nuestra mascota. Comentó muy molesto Huguito.

– Les comenté que eso iba a suceder. Y desafortunadamente ya no hay nada que hacer, pues cuando me iba un señor adoptó a Manchas.

La enseñanza que podemos tomar de esta historia es que si vamos a adquirir una mascota, debemos cuidarla y atenderla de manera adecuada.

Historia y cultura

Mitos cortos americanos, el Wendigo

Mitos cortos americanos, el Wendigo

El Wendigo es una criatura humanoide, de aspecto bestial perteneciente a la mitología de pueblos indígenas en Estados Unidos y Canadá. Su figura se relaciona con canibalismo, tema tabú entre ellos, pues estas historias se relacionan con casos de esta naturaleza sucedidos para sobrevivir a los duros inviernos de esta zona del continente.

Los mitos cortos del Wendigo se mencionan en varias tribus algonquinas del noreste de Estados Unidos y Canadá, más notablemente los ojibwa y saulteaux, los cree, los naskapi y los innu, quienes los describen como gigantes, más grandes que los seres humanos y han logrado esta estatura, creciendo cada vez que devoran completamente a una persona. En otras tribus se tiene una percepción diferente sobre estas criaturas, sin embargo, todos coinciden en que son seres sobrenaturales malévolos, caníbales, y poseedores de un gran poder espiritual (manitu).

Esta criatura habita en los bosques más profundos del continente americano. Se le asocia con el invierno, el norte, el frío, la hambruna y la inanición. Para atraer a sus víctimas les llama por su nombre o hace ruidos para que estos se dirijan hacia el interior del bosque, ya estando ahí los ataca y se los come.

En todas las culturas donde está presente el mito del Wendigo existe la creencia de que los seres humanos pueden convertirse en este monstruo si alguna vez practican el canibalismo, o si son poseídos por este poderoso espíritu demoníaco durante un sueño. Una vez terminada la transformación, la persona se volverá violenta y obsesionada con el consumo de carne humana.

Entre los algonquinos, el canibalismo es considerado un serio tabú, incluso si es practicado para salvar la propia vida; en sus creencias, se acepta más el suicidio o la resignación a la muerte como solución al hambre extrema. En cierta forma, este mito funciona como advertencia contra el canibalismo: aquellos que lo practican corren el riesgo de convertirse en un monstruo.

Historia y cultura

Leyendas cortas de Brasil

Leyendas cortas de Brasil

Un cazador al que sólo le importaba obtener el mayor número de ganancias, se internó en la selva brasileña, con la esperanza de encontrar algún ejemplar valioso que pudiera casar.

Sus amigos le habían dicho que tuviera mucho cuidado al adentrarse en el bosque, pues estaría entrando en los dominios del Curupira, quien según se cuenta en las leyendas cortas de Brasil es una especie de protector de la flora y fauna de aquel país.

Se cuenta que las poquísimas personas que han logrado verlo de cerca, quedan asombradas al notar que su cabello es largo y de tono verdoso, muy parecido a la forma que tienen las hojas de los árboles.

También se afirma que una de sus características principales es que sus extremidades inferiores (específicamente sus pies) se encuentran volteados. La razón de esto, es para confundir a los cazadores que ya han tenido en el pasado un encuentro con él, sobre todo porque estos tratan de alejarse de sus huellas, cuando en realidad lo que están haciendo es acercándose cada vez más al sitio donde los está aguardando.

La mayoría de las veces, de su cabello brotan llamas, lo cual recuerda a los terribles incendios ocasionados por el descuido del hombre. Las personas que se dedican a recabar leyendas en las zonas selváticas de Brasil, aseguran que el Curupira no es un ser para nada malo ni vengativo.

Por el contrario, se le debe ver como un protector, ya que los bosques son los pulmones del mundo y si nos quedamos sin ellos, pronto nos extenderemos como especie.

Del mismo modo, cabe afirmar que el Curupira está de acuerdo con la caza, siempre cuando su objetivo medular sea el sustento de un individuo o bien de su familia. Sin embargo, aparecerá para proteger sus tierras, cada vez que detecte la presencia de un mercenario.

Por supuesto, el cazador de nuestra historia, nunca volvió a matar animales por diversión.